El comportamiento es una ventana al estado físico y emocional de los animales. En perros y gatos, las alteraciones de conducta son más habituales de lo que podría parecer y, cuando no se abordan a tiempo, pueden derivar en situaciones verdaderamente difíciles para el animal y para su familia.
La medicina del comportamiento abarca cualquier alteración de la conducta, sea cual sea el contexto en que aparezca: en el hogar, durante el paseo, en las relaciones sociales con otros animales o personas, o incluso en la consulta veterinaria.
A través de la etología clínica, aplicamos un criterio científico riguroso para comprender por qué ocurre cada conducta y diseñar estrategias de tratamiento adaptadas a cada caso, con el objetivo de conseguir el máximo bienestar posible tanto para los animales como para sus familias.
Es fundamental tener en cuenta que los cambios de comportamiento son con frecuencia la primera señal de que algo no va bien a nivel orgánico. Por eso, trabajamos en estrecha coordinación con otras especialidades —neurología, medicina interna, dermatología, traumatología, cardiología, oftalmología y medicina felina, entre otras— ya que el enfoque multidisciplinar permite llegar a un diagnóstico preciso y completo.
Pero nuestra labor no termina en el diagnóstico y el tratamiento. Creemos firmemente en la prevención: acompañamos a las familias desde el principio, proporcionándoles herramientas para evitar la aparición de estos problemas de conducta.
Algunas de los problemas que nos podemos encontrar son:
- Eliminación inadecuada (pis y cacas en casa, o fuera del arenero en el caso de los gatos)
- Agresividad (hay muchos tipos diferentes, y no todos se solucionan de la misma manera)
- Miedo (a los ruidos, a gente desconocida, etc.)